“El ‘nu shu’ es el libro de la sangre de la mujer”

[FUENTE: http://www.elperiodico.com/es/opinion/20061208/el-nu-shu-es-el-libro-de-la-sangre-de-la-mujer-5408387]

VLUU L200  / Samsung L200

Experta en ‘nu shu’, la caligrafía de las mujeres

El nu shu nació en Jiangyong (provincia de Hunan, China) en el siglo XIII, cuando Gengis Khan dejaba pelados los prados. Es el único lenguaje en el mundo exclusivo de mujeres. Con él describían su doloroso sometimiento al hombre sin que este se enterara. La violencia doméstica afecta hoy al 35% de las familias chinas y 157.000 mujeres se suicidan cada año, sobre todo en áreas rurales y casi siempre por recibir malos tratos. El nu shu es ahora famoso por El abanico de seda, el superventas de la estadounidense Lisa See. Quedan cinco mujeres que dominan este código: cuatro ancianas y Ouyang Hongyan (Ning Yuan, 1970).

–¿Cómo una informática se interesó por el <7>nu shu?

–Cuando era niña veía a mi abuela y a sus amigas cantar y llorar juntas durante horas. No entendía nada, así que me intrigó y le pedí a mi abuela que me lo enseñara.

–¿Cómo nació este lenguaje?

–El emperador se enamoró de una joven que trabajaba en su palacio y se casó con ella. Pero después de tres noches perdió el interés y se dedicó a sus otras esposas. Ella quería contar su sufrimiento a sus amigas y prevenirlas de que no se casaran con el emperador, pero tenía prohibido enviar cartas y salir del palacio. Así que inventó una caligrafía y les enviaba los mensajes bordados en pañuelos, vestidos y abanicos.

–¿Ella inventó los 1.800 caracteres del nu shu?

–Eso dice la tradición, aunque el estudio es difícil: cuando una mujer muere, todos sus escritos se queman con ella. Las mujeres lo adoptaron rápidamente porque tenían prohibido ir al colegio y era su única escritura para comunicarse. Con el tiempo escribieron libros que las amigas cantaban juntas las pocas veces que podían salir de casa. Era costumbre que la que se iba a casar recibiera uno con las experiencias de sus amigas, consejos y deseos de buena suerte. Iban una vez al año al templo Gupo, donde había un Buda para mujeres, ante el que incineraban los libros y pedían deseos. El nu shu creaba lazos de solidaridad muy fuertes. Era la única vía que tenían para mostrar su rebeldía e insatisfacción.

–¿Todas las historias son tristes?

–Casi todas. Es famoso el libro de una mujer al que su marido pegaba por fea, la engañaba con otra y no alimentaba a su hijo ni con un mísero huevo. Hay muchas historias parecidas. El nu shu es el libro de la sangre y las lágrimas de la mujer. La vida era dura: los dolores de los pies vendados para que no midieran más de siete centímetros, las limitaciones a salir de casa, las torturas del marido y la suegra…

–Hasta aquí parecía una historia de solidaridad femenina incondicional. ¿Las torturadas se volvían torturadoras?

–Bueno, no todas. Pero la suegra y la nuera son enemigas, según la tradición china. Eso es aún más antiguo que el nu shu. Un libro cuenta cómo una suegra despertaba a la nuera a medianoche para que lavara el arroz del desayuno 10 veces, y aun así decía que no estaba limpio.

–Parece un milagro que el nu shu haya sobrevivido.

–Jiangyong está rodeado de montañas, nunca salió de ahí. Pero las madres se lo enseñaban a las hijas. En 1949 lo hablaban todas las mujeres de la ciudad.

–Y fue perseguido durante la Revolución Cultural, supongo.

–No, cayó en desuso después de que Mao nos permitiera ir a la escuela. Ya no era necesario. Las mujeres no estamos oprimidas ahora.

–¿Perdón?

–Tenemos políticas preferenciales y sabemos que disfrutamos de los mismos derechos. Al menos, yo. Hay asociaciones de mujeres y tribunales para defendernos. La mentalidad ha cambiado.

–¿Está condenado el nu shu, entonces?

–Sobrevivirá como ejemplo de la liberación de la mujer en el mundo. Pero debería cambiar de función, no tiene sentido que en la China actual siga relatando las torturas que sufrimos. Sería mejor que describiera nuestra belleza, por ejemplo. Las cuatro ancianas dan clases a unas 50 alumnas en Hunan, pero pasará tiempo hasta que lo dominen: a mí me costó 20 años. El Gobierno lo acaba de declarar patrimonio cultural inmaterial y ha emitido un sello, así que el nu shu viajará por todo el mundo. Acabo de pedir su protección intelectual. De los hombres espero apoyo silencioso, no que participen. El nu shu podría atraer a turistas a la región, y me gustaría que las mujeres gestionaran esos negocios. Yo enseño el nu shu a mi hija, he propuesto crear una organización para cantarlo, quiero expandir su conocimiento por internet y estoy escribiendo el primer libro de texto. Hasta ahora solo se podía aprender de forma oral.

–Podría caer en manos de un hombre. ¿Se lo enseñaría a su hijo?

–No, pero sí a su esposa. Ahora ya no tenemos prohibido enseñárselo a los hombres, pero me gustaría que las mujeres siguiéramos compartiendo nuestros secretos.

Anuncios

Aporta lo que quieras

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s