COMER Y NO SACIARSE

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Un concepto oído por todos y todas es el de ansiedad, el estrés, el miedo. Estos elementos son cruciales para una correcta adaptación a nuestro medio, nos ponen alerta y nos movilizan para buscar mejores oportunidades, hacer cambios importantes en nuestras vidas, etc. Pero entonces, ¿qué tienen de malo? El problema lo tenemos cuando estos recursos se vuelven limitantes y nos bloquean, convirtiendo nuestras vidas en una lucha constante, alejándonos del placer y de una vida saludable.

La ansiedad pone en marcha una serie de procesos psicofisiológicos de los que apenas somos conscientes, manteniendo nuestro sistema de alerta y reacción en constante activación, pudiendo acarrear agotamiento, sobrecarga, dificultades de sueño, dificultades de respiración, y dificultades de alimentación, entre otros.  Hemos de reencontrar ese botón grande dónde pone “stop, descansa, todo está bien” ¿dónde está el tuyo?

Cada persona reacciona de manera diferente ante la ansiedad, hay gente que deja de comer y hay otra que come en exceso, gente que se muerde las uñas, gente que fuma… casualmente hábitos que tienen que ver con “succionar, llevarse algo a la boca” y no saciarse. ¿Te ha pasado alguna vez?

La relación con la comida es una cuestión que siempre está en boca de todas y todos. Que si voy a comer esto, que si me he puesto a dieta y no puedo comer aquello, que si menuda comilona nos pegamos el sábado, que si… Estamos en una sociedad en la que la comida se ha convertido en una excusa para reunirse con familiares y amistades, salimos a algún restaurante a mesa puesta o nos quedamos en casa para compartir un menú casero con nuestras personas invitadas. Por lo tanto, comer puede ser un placer para compartir o un horror del que querer huir y no poder.

Muchas veces comemos sin hambre, confundimos sed con hambre y ansiedad, con hambre. La comida, pues, puede convertirse en un enemigo que intenta llenar un vacío interno que no se sacia nunca y en vez de sentirnos nutridos, nos sentimos sus presas.

¿Cómo recuperar el control entonces?

He aquí unos breves indicadores generales; no obstante, queremos recordar que cada persona es diferente y sus motivos pueden no ser como los del resto. Y sobre todo, que cada persona haga un registro de cómo se siente llevando a cabo estos pasos, ¿cuál le cuesta más?, ¿cómo reacciona su cuerpo ante ello?, etc.

*Mantener el mismo horario de comidas y comer sentados, masticando bien los alimentos. Despacio y siendo conscientes de que estamos comiendo, dejar la televisión, el móvil y demás elementos que nos distraigan. Relajar nuestro estómago y observar si hay alguna parte de nuestro cuerpo que se tensa. Relajarla.

*Si estamos siguiendo alguna dieta o queremos empezarla, revisar porqué queremos hacerla realmente y buscar una que no sea muy exigente para con nosotros y la podamos cumplir. Si no la podemos cumplir, ser cuidadosos con nosotros y buscar otra manera. A mayor represión, mayor será la perversión de comer lo “prohibido”.

*Observar nuestros pensamientos y creencias sobre la comida, ¿Qué nos estamos diciendo cuando tenemos un plato de comida delante? ¿Qué pasa si no nos comemos todo lo del plato? Cambiar los pensamientos negativos en positivos. Nos es tanto el qué se come sino el cómo se come.

*Hablar sobre nuestras emociones a lo largo del día, atreverse a aligerar “eso” que nos oprime y nos hacer engullir para no soltar. Puede hacerse de manera gradual y poco a poco, siempre buscando una persona que nos dé confianza si no solemos expresarnos con facilidad.

*Busca, haz una lista de las cosas accesibles y realistas que te proporcionan placer y cúmplelas. Encuentra cosas que te hacen reír, disfrutar y sentirte satisfech@. Rodéate de gente positiva y creativa, dentro de lo posible. Cuídate de personas que no te ayuden a sentirte mejor y cuida a tu gente, evita los chismes y hablar mal de la gente. Esto último, te ayudará a ahorrar mucha salud y te ayudará a retomar tus riendas!

*Si decides hacer ejercicio, observa desde dónde lo estás haciendo. Jim Fadiman, psicólogo, sostiene que un ejercicio realizado exclusivamente para perder peso no tendrá éxito. Si no haces ejercicio por placer, es una tortura y el mero hecho de hacerlo es un recordatorio de que estrás gordo.

En resumen, una correcta gestión de tus emociones y un cambio positivo de tus creencias pueden hacer que te liberes de la presión de la comida y la ansiedad asociada, sea cual sea la forma de la cadena, y hacerte disfrutar un poco más de tu vida, de tu compañía y de tus menús, saboreando cada instante.

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